Binge living

escena con TV
Collage digital (Marcela Ribadeneira, 2017).
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Bienvenida a la selva vegana (la ruptura que aún no es)

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Texto publicado originalmente en Zoila como parte de un especial sobre rupturas.

A medida que los animales empezaron a ocupar una mayor parte en mi vida, el espacio que había en mis platos para ellos se redujo. También se redujo el espacio para sus productos derivados, productos que llegan a nuestras casas y mesas mediante procesos en los que ellos son maltratados. Para mí, los animales, todos, son nuestros semejantes, prójimos. Y no en el sentido bíblico, sino biológico: nuestro ADN es más parecido que distinto. Y como no creo en cosas como el alma humana y la carencia de una entidad animal homóloga, me veo bastante reflejada en ellos. Veo que hacen las mismas cosas que yo, de maneras distintas, claro, pero nacen y mueren exactamente cómo lo hacemos nosotros.

Para contarles cómo rompí con una vida de dieta carnívora debo empezar por el principio, por los momentos que marcaron un entramado que solo ahora reconozco. Cuando era niña y adolescente, creía que los animales me importaban (o quería creerlo). Creía que no era indiferente a su sufrimiento. Pero en realidad era muy poco consciente de la responsabilidad que tenía frente a ellos y que era inherente a mi posición de poder como humano que estaba al cuidado de criaturas en nombre de quienes yo hacía toda elección. Tuve perros, gatos, conejos, tortugas, gallinas. Y hoy me duele y me persigue el recuerdo de todas las veces que no les puse agua o alimento, o de cuando los dejaba dormir afuera de la casa, quizás sin el abrigo necesario, porque mis padres así lo querían. Hoy me duele cada vida que pude haber hecho menos terrible. Me duele no haber visto su sufrimiento solo porque no intenté hacerlo.  Seguir leyendo “Bienvenida a la selva vegana (la ruptura que aún no es)”

Cuando lo mundano se vuelve sagrado. La pintura como elemento transmutador en ‘Mamma Roma’

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Texto publicado originalmente en el periódico de la edición 2017 del festival Eurocine y en la web de Ochoymedio.

Tonino Delli Colli fue director de fotografía de docenas de películas, entre ellas, Ginger y Fred (Federico Fellini), La vida es bella (Roberto Benigni) y Érase una vez en América (Sergio Leone). Pero una de las secuencias más importantes de su carrera —le dijo al escritor Alessandro Gatti en una entrevista— está al final de Mamma Roma. Al igual que otras películas de Pier Paolo Pasolini, como El evangelio según San Mateo o El Decamerón, esta cinta expresa la fuerte influencia que la pintura de maestros como Da Vinci, Caravaggio, Pontormo y Giotto tuvo en el cine del director italiano.

Mamma Roma (Anna Magnani) abandona la prostitución después de que Carmine, su proxeneta, se casa. Se muda de Guidonia, en el campo, a Roma y consigue un puesto de venta de verduras en un mercado. Cuando compra un departamento en el barrio periférico de Cecafumo, cosa que para ella representa un anheladísimo ascenso social, Mamma Roma va a Guidonia a buscar a su hijo adolescente, Ettore, y lo lleva a vivir con ella con la esperanza de darle un futuro alejado de la calle, a pesar de que el chico no ha ido a la escuela y no sabe ningún oficio. Pero Carmine, su exproxeneta, eventualmente la busca, y su pasado que su hijo desconoce amenaza con destruir todo aquello por lo que ha trabajado.   Seguir leyendo “Cuando lo mundano se vuelve sagrado. La pintura como elemento transmutador en ‘Mamma Roma’”